RESEÑA DE
ORIENTALISMO MADE IN U.S.A.
en Revista Mirai
(Universidad Complutense de Madrid)
por Pilar Cabañas
https://doi.org/10.5209/mira.82709
Cabañas Moreno, P. (2022). Peña Méndez, Miguel. Orientalismo made in U.S.A. Pensamiento, pintura y modernidad. Logroño: UNIR Editorial, 2021, 602 pp. ISBN: 978-84-18367-80-9. Mirai. Estudios Japoneses, 6, 285-288. https://doi.org/10.5209/mira.82709
Pocos monográficos han sido dedicados a la convivencia del pensamiento y el arte Asia Oriental y el modo
en que esta se produjo, más allá de la chinoiserie, el orientalismo decimonónico de corte islámico o el
japonismo tan de moda en el siglo XIX. Quizás ha costado digerir que una buena parte de las novedades del
pensamiento europeo y americano, que han permeado nuestra sociedad y nuestro arte tienen una inspiración
surgida del hallazgo y del contacto con estas otras culturas. Basta mencionar al respecto las reiteradas negaciones del teórico Clement Greenberg a la mirada de los expresionistas abstractos estadounidenses
hacia Oriente.2
En el ámbito internacional la obra de Siegfried Whichmann, Japonisme. The Japanese influence on Western
art since 1858, en 1985, supuso un gran hito, un punto de partida para aquellos interesados en esta línea de
investigación, pues si bien desgranaba lo que había sido el Japonismo y el modo en el que había incidido
plásticamente en el arte de la segunda mitad del siglo XIX, también se adentró en la relevancia que tuvo en
las creaciones del arte y la arquitectura del siglo XX. Otra publicación relevante más de diez años después, en
1996, fue la surgida de la tesis doctoral de Helen Westgeest, Zen in the fifties. Interaction in art between east
and west, una investigadora que si bien después se centró en otras líneas de investigación, marcó una senda
para quienes estabamos interesados en analizar el arte estadounidense y europeo desde nuevas perspectivas.
Autoridades como Jacquelynn Baas, Bert Winther Tamaki o Alexandra Monroe nos han ayudado a ahondar en
nuestra convivencia con el pensamiento y el arte de Asia oriental.
En el ámbito español el libro de quien realiza esta recensión, La fuerza de Oriente en la obra de Joan
Miró (2000), constituyó un punto de reflexión para quienes negaban la relevancia de esta nueva fuente.
Después la atención al tema ha ido creciendo y han ido publicándose artículos y capítulos relacionados con
los efectos provocados por estos contactos interculturales, hasta que en 2018 la Fundación Juan March lideró
la organización de la exposición El principio Asia: China, Japón e India y el arte contemporáneo en España
(1957-2017). En ella, con más de sesenta artistas representados que habían trabajado en España, se hizo visible
la influencia de estas tres culturas en el arte de la segunda mitad del siglo XX en nuestro país. El título elegido
resultó muy significativo, pues la acepción que en química se emplea del término “principio”, según la cual un
elemento activo, en solitario o junto con otros, “reacciona” al mezclarse o hacerse soluble y produce formas,
colores y estructuras nuevas y muy diferentes entre sí, es un buen reflejo del fenómeno de la riqueza de estos
contactos. Su catálogo y la nueva publicación Zen, tao y ukiyoe. Horizontes de inspiración contemporánea
(2020), de Matilde Arias y de quien suscribe, se sumaron a los escasos libros monográficas sobre el tema.
Ahora celebramos la publicación de Orientalismo made in U.S.A., que con las debidas actualizaciones,
síntesis y selecciones, responde a la investigación de su tesis doctoral, defendida en 1994, por tanto un trabajo
pionero en nuestro país que ha visto la luz tardíamente. Algo notable que evidencia lo antes señalado sobre la
negación de una realidad sobre la configuración de nuestro arte contemporáneo, y sobre cómo hemos esperado
mucho para ver aumentar las publicaciones en torno al desarrollo y asimilación del pensamiento y arte de Asia
en nuestro continente y el continente americano.
Personalmente considero que una parte del buen hacer y de la sensibilidad que se desprende de la lectura
del texto procede del hecho de que se trata de un autor con un perfil mixto entre la Historia del Arte y el
ejercicio de la pintura, hoy profesor en la Facultad de Bellas Artes en la Universidad de Granada. Su perfil
creativo le ayuda a empatizar con los artistas, a entrar en su pensamiento, en su sentir, en el modo de extraer
enseñanzas y de evidenciar intereses, que su perfil teórico consigue sistematizar y poner en el contexto
histórico cultural.
El profesor Peña nos aporta en su trabajo una gran labor de recopilación y reflexión, y nos aproxima a
una bibliografía de textos muy específicos no publicados en español. Nos aclara muy bien en su Introducción
que fueron todas aquellas zonas culturales que se configuran sobre el pensamiento europeo las que crearon
y sostuvieron el orientalismo, manifestando la intención de centrarse específicamente en la contribución de
Estados Unidos en la construcción del llamado Oriente, así como en el impacto que le supuso a sí mismo. El
autor se centra en el bloque geográfico y cultural que denomina Extremo Oriente dilatado, en el que incluye
India, Tíbet y Sudeste Asiático, si bien el grueso de la realidad imperante, y por tanto también de su texto, se
centra en China y Japón.
Desarrolla su discurso a lo largo de seis amplios capítulos, entre los que el primero está reservado a la
Introducción en la que define los términos en los que se moverá y desgrana un completísimo contenido que
arranca ya con el capítulo II, titulado Bases para la presencia de lo oriental en Estados Unidos. En este hace
arqueología de los primeros indicios de interés que se manifiestan por estas áreas culturales, su producción
material y de pensamiento. Recorre así la aventura del comodoro Perry y su presión sobre los puertos
japoneses, estudia a los trascendentalistas y la reverberación de Asia en su literatura, el impacto de los primeros
viajeros a Japón que incidieron en el entorno de la costa este, en el foco bostoniano, con personalidades como
Morse, Bigelow o Fenollosa, así como las vías de comercialización de objetos e ideas a través de expatriados,
marchantes, o exposiciones universales entre otros. Resulta de gran interés que detrás de cada capítulo podemos
ver compilada la bibliografía específica, facilitando la consulta de aquellos que interesados en un tema concreto
no necesitan entresacarla de la ingente cantidad de títulos de referencia manejados por el autor.
El capítulo III, Primeras repercusiones de Oriente en el arte americano, nos aproxima a aquellos artistas
pioneros en responder creativamente al influjo de lo chino primero y lo japonés después, siendo muy notables
sus reflexiones sobre las diferencias que el contexto cultural estadounidense provocó en su japonismo, y en las
que no vamos a entrar para mantener el interés sobre su lectura.
De un modo claro y cronológico el capítulo IV, Orientalismos en la vanguardia americana, desgrana paso a
paso la evolución del arte de la primera mitad del siglo XX jugando a dos bandas, por un lado mirando al este
y las referencias europeas del arte estadounidense, y por otro mirando al oeste y a sus referencias asiáticas,
a las que se incorporan de un modo muy claro las referencias filosóficas con nuevas fuentes procedentes de
una mayor difusión del Tao te king, de la llegada a Boston de Ananda Coomaraswamy, que hizo entender la
importancia de las relaciones entre el arte y su soporte en la metafísica, ejemplificado en su teoría del arte indio,
y los escritos sobre zen de Suzuki Daisetsu que tanto atrajeron a los psicoanalistas, a Dadá y al surrealismo.
El capítulo V lo titula El ocaso del Orientalismo. Del expresionismo abstracto a la posmodernidad,
iluminándonos sobre la gran complejidad intelectual que se esconde en la configuración del expresionismo
abstracto en Estados Unidos tras formas aparentemente sencillas, considerándolo un momento álgido en la
historia del arte de Occidente. En torno a él abre el interesante debate sobre porqué la crítica intentó ignorar,
borrar y negar sus deudas con los planteamientos y formas llegadas desde el lado asiático del océano Pacífico.
Peña señala dos áreas culturalmente diferentes en el sustrato de desarrollo y acogida del expresionismo
abstracto, la Costa Este, más estamental, con mayor influencia europea, y a pesar de que suele señalarse que
la presencia de población asiática fue menor, el autor señala cómo las grandes ciudades constituyeron fuertes
polos de atracción para dicha población, como demuestran las estadísticas. Los artistas de esta zona han sido
agrupados por la crítica y la historiografía bajo la denominación de Escuela de Nueva York. En el lado opuesto
del país, se sitúa la Costa Oeste, una zona de mayor acogida, con un abierto interés por todo tipo de filosofías
y menos jerárquicamente establecida, lo que devino en una actitud más franca hacia Asia oriental, y cuyos
artistas fueron agrupados bajo el apelativo de Escuela de San Francisco.
Fue en la costa Oeste donde en los años cincuenta se produjo el Zen boom, cuando el budismo y las
tradiciones espirituales de Asia Oriental e India y sus zonas de influencia encontraron el sustrato necesario para
desarrollarse, sin embargo, el interés fue extendiéndose por todo el país. Hitos como la actividad de la Beat
Generation, la fundación de la American Academy of Asian Studies en San Francisco, la escuela de verano del
Black Mountain College con participantes como John Cage, Merce Cunningham o Charles Olson, o artistas
destinados en su servicio militar a Japón o Corea como Jasper Johns o Dan Flavin, van siendo reseñados en el
texto para colorear el panorama de acceso, presencia y configuración de lo oriental en Estados Unidos.
En esta gran publicación el profesor Peña no olvida rastrear el tema en el pop art. Y con relación a él
apunta cómo los críticos vieron en esta tendencia la ocasión de labrar una imagen «auténticamente americana»,
señalando “Por ello prosigue la exclusión de los artistas provenientes de grupos raciales no euroamericanos.
No cabe alusión o presencia foránea y menos oriental” sentenciando “La presencia de lo oriental en el pop
art americano va a ser oculto, tardío, episódico, decorativo y descargado de aparentes procesos intelectuales o
espirituales”.3 El autor nos descubre un pop americano realizado por artistas de origen asiático, escasamente
conocidos, pero que evidencian el mestizaje que se estaba produciendo en el arte. Roger Shimomoura, Masami
Teraoka y Ben Sakoguchi son tres buenos y destacados ejemplos.
Concluye la obra con un interesante capítulo bajo el título Epílogo: La (im)posibilidad de un (post)
orientalismo, en el que nos plantea una serie de reflexiones sobre como la superación de la Modernidad
modifica la visión que desde Europa y Estados Unidos se tiene de Asia y su cultura, sobre los artistas asiático
americanos, y sobre la posibilidad de la pervivencia de los Orientalismos en un mundo global.
Me ha resultado especialmente interesante el apartado de Etnicidad y lo asiático americano (pp. 578-584),
porque en su brevedad aporta una de las peculiaridades del contexto estadounidense donde la presencia de
población asiática comenzó en el último cuarto del siglo XIX a ser una realidad que inició su participación
en la construcción del país poco a poco en todas sus esferas. En este mundo del arte se empezó a generar una
nueva perspectiva sobre la «asianidad» de América por los numerosísimos protagonistas que de ambos lados
del Pacífico provocaron un estrecho ligamen “acabando por formar parte indisoluble y fundamental de una
nueva entidad, incontenible, con una riqueza humana y visual impresionante”.4
En el siglo XXI algunos investigadores y distintas instituciones, a través de sus trabajos y diversas
exposiciones han tratado de visibilizar las contribuciones de los artistas americanos de origen asiático,
algunos de los cuales sufrieron por esta razón el internamiento durante la Guerra del Pacífico en propio suelo
estadounidense. En este tema destacan las publicaciones del profesor de la Universidad de California, Irvine,
Bert Winther Tamaki tales como Art in the encounter of nations : Japanese and American artists in the early
postwar years (2001)
Orientalismo made in U.S.A. ofrece 602 páginas de información, reflexión, conocimiento y erudición, con
una prosa sencilla que hila bien todas sus partes y que facilita su asimilación, pero sobre todo, que dilata
nuestro entorno y nuestro estar en el mundo. A pesar de tratarse de un libro sobre arte, las limitaciones de
presupuesto han impedido la inserción de ilustraciones que, generosa y vocacionalmente, el autor ha querido
subsanar ofreciéndonos un blog donde poder disfrutar de algunas de las que le hubiera gustado incluir: https://
orientalismomadeinusa.blogspot.com/
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